Carles y Menalie son una pareja joven con un sueño claro: diseñar la casa donde vivirán su futuro. El lugar elegido es un terreno con carácter, marcado por una fuerte pendiente. Desde el principio, ellos tenían una idea muy definida: querían que la vida sucediera en la planta baja, con todos los espacios importantes en un mismo nivel.
Una idea definida: una planta baja con vida
Pero había un reto. La normativa urbanística, sumada a la inclinación del terreno, dejaba un espacio de construcción reducido y casi cuadrado. En lugar de resignarnos a esa geometría rígida, buscamos otra solución: una forma que abriera la casa hacia un pequeño patio, un rincón íntimo capaz de llevar la luz a cada estancia.
Un patio como eje central
Ese patio se convirtió en el corazón del proyecto. Gracias a él, incluso las estancias situadas detrás del muro de contención reciben luz natural, transformando lo que podría ser un espacio oscuro en lugares cálidos y habitables.