Carme había pasado toda su vida en una vivienda que no le transmitía bienestar. Cuando nos contactó, tenía claro que quería reformarla, pero no sabía por dónde empezar. Su deseo era claro: abrir espacios, ganar luz y crear un ambiente más acogedor.
De una casa incómoda a un hogar soñado
Su cocina original era pequeña y contaba con una habitación contigua sin uso. Propusimos unir ambas estancias, abriendo la cocina hacia la sala de estar. De esta forma, logramos más amplitud y una conexión fluida entre las zonas de día. La distribución se organizó con muebles que delimitan sin cerrar, creando transiciones suaves y naturales.
En el último tramo de la vivienda, el pavimento interior se prolonga hacia el balcón, integrándolo como parte de la casa. Este nuevo espacio se convierte en una galería verde, luminosa y natural, que aporta frescura y vida al conjunto.
En la habitación principal repetimos el mismo recurso: un mueble separa el vestidor de la zona de descanso. Así, Carme gana funcionalidad sin perder continuidad visual, disfrutando del orden y la serenidad que buscaba.